El futuro de la industria agroalimentaria en española
Por Carlos Romero Valiente, el día 18/10/11 18:33
Jorge Jordana en su interesantísimo artículo “Hacia dónde va la Industria Agroalimentaria (IAA)”, publicado en el núm. 15 de la Colección Mediterráneo Económico: " El nuevo sistema agroalimentario en una crisis global”, apunta una serie de cuestiones muy importantes para el futuro de la industria agroalimentaria española.
En este sentido hay dos cuestiones relativas a lo que el denomina la invisibilidad de la industria agroalimentaria, que según este autor está condicionada por su atomización como sector empresarial y por la desaparición de la cultura rural. Respecto a la primera cuestión, Jordana hace referencia a que aunque la industria alimentaria, con más de 30.000 empresas, casi ninguna grande, no presenta unos datos microeconómicos relevantes, sin embargo los datos macroeconómicos le confieren ser el mayor sector industrial. En lo que a la segunda cuestión, se refiere, indica, entre otras cuestiones, que prácticamente todos los nacidos desde los años 60 proceden de ambientes urbanos y, por tanto, lo ignoran todo de los sectores productivos agroalimentarios, de sus complejos oficios y habilidades, de los sistemas de producción y de las múltiples calidades y cualidades de sus productos.
En su artículo Jordana también desglosa lo que el considera como las principales características específicas de la industria alimentaria en comparación con otros sectores industriales. En este caso hace referencia a su extensión territorial, que abarca tanto al ámbito rural (fundamentalmente industria alimentaria de 1ª transformación) como el ámbito urbano (industrias food service), añadiéndose a los dos ámbitos las industrias alimentarias de carácter multinacional. También hace referencia a la especial incidencia de la seguridad alimentaria, de la que indica que aunque es un factor casi exógeno a la actividad, con frecuencia imprevisible, sin embargo, puede tener efectos dramáticos sobre las empresas de un subsector determinado, y donde solo su correcta gestión es básica para eliminar, en lo posible, este elevado riesgo. Otra característica apuntada por el autor es la referida a los altos requerimientos financieros a corto y medio plazo, que apunta que básicamente son debidos a la elevada duración en el tiempo de los ciclos productivos agrarios, lo que supone para todo el sector agroalimentario la necesidad de disponer de un capital circulante suficiente para financiar sus ciclos productivos, que se ve agravado por el carácter enormemente lesivo que resulta del vampirismo financiero de la distribución comercial que en España sigue apalancándose, hasta ser el país con los aplazamientos de pago más altos de Europa. Finalmente, la última característica citada por este autor es la fuerte intervención administrativa que sufre el sector, que para describirla, entre otras referencias utiliza los datos de la FIAB, que recoge que la legislación que recae sobre la industria agroalimentaria ocupa 78.000 páginas del BOE; cantidad a la que había que sumar hoy día, en muchos casos multiplicada por 17, las nuevas disposiciones que siguen publicándose, y los datos de la CIAA, que ha contabilizado en el Diario Oficial de las Comunidades Europeas, desde enero de 1997 a enero de 2008, 1.420 disposiciones que implican al sector.
Finalmente, Jordana apunta lo que serían a su entender los principales condicionantes comunes a la industria agroalimentaria, siendo estos los siguientes: atomización del sector, donde el tamaño de las empresas, condiciona también la respuesta del sector ante numerosos retos, afectando a la competitividad de sus producciones; la concentración de los clientes, del que dice que las relaciones comerciales estén siendo profundamente desequilibradas, sobre todo en tres grandes áreas: el reiteradamente referido apalancamiento financiero; el manifiesto abuso en las relaciones comerciales con sus proveedores, y en la implantación de sus propias marcas; y, finalmente la globalización de los mercados, de la que dice que generará importantes cambios en las demandas, siendo tres las principales fuerzas que inciden en este cambio: el notorio incremento de población inmigrante con culturas culinarias diferentes, el paulatino crecimiento tendencial del canal de hostelería, restauración y catering, y la cada día más conocida y científicamente asentada relación entre la alimentación y la salud.